de pantalla en pantalla (I)

25 12 2009

Ahora que estoy hablando tanto de cine en mi blog me siento inspirada (debe ser porque  he escapado del instituto por algunos días y puedo dedicar mi capacidad intelectual a cosas más importantes) y voy a seguir escribiendo sobre el séptimo vicio, como lo llama Javier Tolentino en su programa de Radio 3, y sobre las películas que he visto en los últimos tiempos.

Empezaré con una experiencia única que tuvimos los Puentetomapeople cuando acudimos al completo al Cine Campoó a ver Vicky el Vikingo, una película alemana del director Michael Bully Herbig. Es cierto que nunca he visto ninguna de las salas del cine de Aguilar llena, ni una cola en la taquilla que diese la vuelta a la manzana. Es más, normalmente antes de que empieze la película nos damos la vuelta (me gusta sentarme delante) y conocemos a, por lo menos, un tercio de los espectadores o descubrimos que estamos prácticamente solos en la sala. En la tranquila villa de Aguilar de Campoó es difícil ver tumultos. Pero el caso es que nunca se había dado el caso de que estuviéramos completamente solos, como esa vez. Además coincidió que era una película alemana y que mis padres compartían nuestras ganas de verla, porque habían seguido en su día, cuando el mundo era joven, la serie original de Vicky. Nos lo pasamos muy bien, y los responsables del cine seguro que también se divirtieron observándonos, ya que después de unos minutos de contención, comenzamos a vitorear a Vicky, a abuchear a los protagonistas y a cantar la famosa canción…

Aunque hablando de la canción, la versión española para la película la ha hecho El Canto del Loco y en mi opinión la ha estropeado bastante, porque la forma de cantar de Dani Martín, arrastrando las palabras, puede quedar muy bien en las canciones del grupo pero para una serie y un protagonista tan lleno de energía y buenas ideas no pega mucho. Menos mal que tenemos a una alemana en la república indepediente de Puentetoma que nos hizo una demostración de cómo es realmente la canción.

Vicky y su chica Ilvy

La película me ha parecido muy divertida. El argumento está muy bien y tiene puntos graciosísimos e irónicos. Nos ha gustado tanto a mi hermano y a mí, “no iniciados” en el culto a Vicky, como a mis padres. Y como desde hoy Uli es el orgulloso dueño de un DVD con los primeros seis capítulos de la serie original (¡gracias, Papá Noel!), puedo apreciar también que el remake está muy bien hecho, cosa que no es fácil pasando de los dibujos animados a actores de verdad. Pero tanto los actores como el poblado de Flag están escogidos y perfilados con acierto (dice mi madre: ¡Claro!¿Por qué te crees que nos reíamos tanto?). Tiene mérito adaptar una historia tan conocida sin decepcionar a todos los fans.  Creo que lo han logrado, consiguiendo enganchar, como ya he dicho, a los veteranos y a los novatos de vicky, con su “¡ya lo tengo!”. Incluso desde un enfoque de género, que está ahora tan de moda, está realmente bien. No sólo porque son las mujeres las que realmente mandan en la aldea vikinga, sino porque gracias a Ylvi y a su honestidad la aventura acaba bien. Me hizo gracia ver en Youtube algunas entrevistas con el director y los actores, en las que comentaban la ilusión que les hacía participar en la película, ya que era la generación que había crecido con la serie la que ahora interpretaba a sus personajes.

Es más o menos como si yo de mayor actúo en una película de… no sé… como ahora ya lo hacen todo seguido y tan rápido… Ya he visto las películas de los libros de Cornelia Funke (El Príncipe de los Ladrones, Corazón de Tinta), que no me han gustado nada, de Millenium (con lo guay que hubiera sido ser Lisbeth Salander), de Crepúsculo y de Harry Potter. Es una cadena: del libro a la película al videojuego, al libro de la película, y no necesariamente en este órden. La única ventaja que puedo tener es que, vaya a donde vaya, en el norte, sur, este y oeste, sé cómo empezar una conversación (hablando de Crepúsculo) y cómo morir rápidamente (diciendo que no me ha gustado).

Foto de grupo de la tripulación

Ficha técnica:

Dirección: Michael Bully Herbig

Guión: Michael Bully Herbig, Alfons Biedermann

Producción: Christian Becker

Música: Ralf Wengenmayr (basada en la original, de Karel Svoboda)

Fotografía: Gerhard Schirlo

Reparto:

Vicky, el protagonista de la película, es un chico más ágil que fuerte, pero con muchas buenas ideas en la cabeza: Jonas Hämmerle

Halvar de Flake, es el padre de Vicky y jefe de los vikingos. Aunque (según él) de pequeño era más fuerte que su hijo, en secreto admira el ingenio de éste, que le salva de no pocos apuros: Waldemar Kobur

Snorre, un vikingo que no puede vivir sin pelearse con Tjure: Christian A. Koch

Tjure, un vikingo que no puede vivir sin pelearse con Snorre: Nic Romm

Urobe, el vikingo más anciano y consejero de Halvar: Olaf Krätke

Faxe, un vikingo tímido que come mucho: Jörg Moukaddam

Sven el Horrible, cuyo nombre ya lo dice todo. Es enemigo de Halvar y se enfrenta a él por un misterioso tesoro: Günther Kaufmann

Pi-Pi-Pi-Pirata, primer comandante de Sven: Jürgen Vogel

Ylvi, la mejor amiga de Vicky, pequeña y delgadita pero de carácter fuerte: Mercedes Jadea Diaz

Ylva, la madre de Vicky, está muuy orgulloso de su hijo y le baja los humos a Halvar: Sanne Schnapp

Lee Fu, una misteriosa polizonte en el barco de Halvar: Ankie Beilke

“Father and son”, canción de la película interpretada por el director, Bully, y Sasha
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the straight story (II)

2 11 2009

Reconozco que nuestra historia del otro día tiene poca profundidad, y el final ha sido muy típico para un crucero de adolescentes. Ya hubiera sido demasiada suerte que después de una semana sometidos al control “profesoril” y a sequía etílica, nos hubiéramos encontrado con un paraíso lleno de los restos de contrabando de piratas, un contrabando Rusia-Caribe, de ron y vodka, y encima en el Mar del Norte. Allí lo único que me he encontado las dos veces que he ido son gambas y cuando se va el agua del mar, un desierto de barro buenísimo para la piel donde puedes hundir los pies y ver como te salen los gusanos de barro entre los dedos. Hmmm… Si yo hubiese sido la única que navegaba en el avión, seguramente me hubiera encontrado una cosa completamente diferente…

Después de varios días a la deriva en el frío Mar del Norte me encontraba ya sin agua ni alimentos porque me había acabado rápidamente los asquerosos víveres del avión. También me había comido las suelas de mis zapatos y las mascarillas de emergencia. ¡Ah! y también el maquillaje que había conseguido meter de contrabando, burlando los controles de seguridad de ambos países. Total, que me dolía la tripa como no os lo podeís imaginar. Estaba a punto de desistir y dejar que el frío mar llevase mi cuerpo de vuelta a Europa, como una guerrera caída en la lucha, cuando divisé a lo lo “>lejos una isla que bien podía ser un espejismo. Pero los espejismos también tienen sentimientos y merecen una oportunidad, así que intenté alcanzarla con mis últimas reservas de glúcidos, es decir, de energía. Cuando mis células estaban tan agotadas que ya no podían hacer respiración celular en las mitocondrias, me demayé, pero lo último que noté fué que el barco, que en realidad era un avión, había encallado. Lo había conseguido. Lo primero que hice cuando me desperté, y después de devolver todos las sustancias extrañas que había comido (aunque creo que lo peor fue la comida de avión), fue echar un vistazo a la isla. Me adentré un poco en la jungla (sí, había una jungla en medio del mar del Norte, ¿algún problema?), y al poco tiempo me topé con lo que debían de ser los restos de un campamento. Había unas hamacas, las cenizas de una hoguera y un extraño aparato que podía se una cámara. Me acerqué a ésta y pude leer con asombro: “Camera 1. BIG BROTHER”. ¡Ostras! Claro, ya sabía lo que pasaba aquí. ¡Estaba en una de esas islas psedoabandonadas donde tenía lugar ese programa tan famoso, gran hermano, sobre supervivientes en una isla o algo parecido, que tuvo que ser suspendido porque todos los participantes y muchos espectadores se volvieron locos y hubo que reducirles a base de dardos con somnífero para rinocerontes!

Aunque daba un poco de miedo estar en un lugar donde se había producido tal desastre, seguramente podría encontrar algunas latas de alimentos del equipo de producción. Efectivamente, seguí caminado y al poco tiempo estaba enfrente de una casa enorme y con grandes cristaleras que daban al sur. ¡Ja! ya sabía yo que eso de la tele-realidad era una tontería. Al lado de esa mansión había una choza y ni siquiera tuve que forzar la puerta para entrar. Dentro había una auténtica montaña de latas, bastante oxidadas, que sólo esperaban a ser abiertas y vaciadas.

Así que aquí estoy, engordando de tanto comer raviolis precocinados, atún y melocotón en almíbar. Pero la verdad es que esta isla es el lugar ideal para inspirarse y estoyteniendo un montón de ideas para el blog. Lamentablemente no dispongo de un portátil ni hay wi-fi. Me dedico a escribir los post en hojas de palmera y meterlos en latas para lanzarlos al mar. En el continente tengo a un empleado que se dedica a recoger las latas y subirlas al blog. Prefiere permanecer en el anonimato ante la amenaza de los paparazzi. Un saludo, Lea.

Ahora que ya puedo descansar, ya he revelado toda la verdad y nada más que la verdad, quería explicaros el título que he escogido para estos dos post. Porque es también el título de una película de David Lynch que he visto hace poco. Primero me gustaría decir que lo he visto gracias a un proyecto cultural que está empezando a crecer en Aguilar, llamado “Aguilar con pasión”, en el que se está dando contenido al espacio de La Compasión, surgido hace relativamente poco. Para ello, se ha desarrollado un programa que incluye la proyección de películas y cortometrajes, artes escénicas y cursos de cine, teatro y danza. Esta última parte empezará más adelante, pero el mes pasado ya hemos podido disfrutar de un ciclo de cortometrajes vascos, dos teatros, uno de ellos con globos, muy bonito, y dos películas: “the straight story” y “la ley de la calle”. Ambas se merecen un post, pero éste será para la primera. “The straight story”, traducido en España por “una historia verdadera”, es un juego de palabras, porque además de ser una historia recta, verdadera, basada en hechos reales, es la historia de Alvin Straight. Alvin (Richard Farnsworth) es un hombre de 73 años que vive en Laurens, en el estado de Iowa, con su hija. Un día recibe la noticia de que su hermano Lyle, con el que no se habla desde hace 10 años, ha tenido un infarto. Así que decide tragarse su orgullo y montarse en su segadora John Deere para viajar hasta Mt. Zion, en el estado de Wisconsin. En su odisea se encuentra con diferentes personas, que son para el espectador las paradas del viaje en las que van conociendo poco a poco la historia del protagonista. Así, le cuenta a una chica embarazada que se ha ecapado de su casa cómo su hija Rosie perdió a sus hijos por su supuesta incapacidad de cuidarlos, en una taberna habla con un señor de su generación sobre sus recuerdos de la guerra, y charla con un grupo de ciclistas que le adelanta en la carretera sobre lo bueno y lo malo de ser mayor. Una de mis “estaciones” favoritas es en la que una mujer atropella a un ciervo, y cuando Alvin le pregunta si puede ayudarla, le cuenta desesperada que cada vez que pasa por esa carretera, atropella a un ciervo. Pone la música a todo volumen, da golpes en la puerta del coche pero no sirve para nada. ¡Y ella tiene que circular por esa carretera para ir y volver del trabajo! Se monta en el coche y sigue conduciendo a la misma velocidad con la que iba.

thestraightstory

La película es, por lo tanto, un viaje contado por capítulos, y entre cada uno de ellos te dejan un espacio para digerir lo sucedido, mientras el protagonista continua su travesía en carreteras vacías, a lo largo de campos de cereales infinitos. cuando al final llega a casa de su hermano, basta una mirada entre los dos para entenderse, para que uno comprendiera el viaje, tanto interior como exterior, que le había sacrificado el otro, y para que el otro supiera que había sido necesario hacerlo. Las últimas frases de la película lo expresan perfectamente:

Lyle:– Did you ride that thing all the way out here to see me?

Alvin:– I did, Lyle

Traducido (por mí), es algo así:

Lyle:– ¿Condujiste ese trasto todo el camino hasta aquí para verme?

Alvin:– Sí, lo hice, Lyle.

Y después, rememorando los días de su infancia en los que miraban juntos las estrellas, se sientan en el porche y buscan las constelaciones, a pesar de que todavía no se haya escondido el sol. Da igual.

Una película preciosa y muy recomendable, y aunque mi madre tiene razón cuando dice que llega más a las personas que ya han notado lo que es llegar al final, o a la mitad de la vida, aunque no sea la suya, me ha gustado muchísimo. Al fin y al cabo, en realidad sé que mi vida no va a ser la excepción y no va a ser infinita, aunque ahora lo parezca…

thestraightstory





the straight story

16 10 2009

Bueno, esta es una pequeña historia que nos inventamos algunos compañeros y yo en clase de inlés, para practicar el uso del pasado simple y pasado continuo. Al final el uso del pasado sólo es una anécdota, pero la historia ha quedado genial. La voy a escribir en inglés y en español, aunque tengo que advertir que en español queda bastante tonta (o igual es que ES tonta, el caso es que nos reímos un montón escribiéndola) y trata de nuestro intercambio con Holanda, a donde iremos en noviembre. Ahí va:

We went on a trip two months ago. It was a trip to the Netherlands and we had a lot of fun. We were on the plane, flying back to Spain, when we heard the pilot saying: “Dear passengers, I’m sorry, but we have to fly back to Amsterdam, I have forgotten my passport. They won’t let me enter Spain and I really want to visit the old castle of Aguilar de Campoó”.

So the plane started flying back and the passengers started complaining. We were very worried, because our parents were waiting for us at the airport. But we forgot all our worries when suddenly the plane stopped: the oil was over! We started screaming while the plane was falling. Finally, we fell in the river Rhine and luckily, the plane didn’t break. So we started following the river until we arrived to the ocean. One day, we saw an island as we were sailing and we tried to reach it. Now we are here, in the middle of the North Sea, having fun and getting drunk, because we discovered that the island is full of rum and vodka. So please don’t rescue us, we’re having a great time!

Ésta es la versión española:

Hace dos meses, fuimos a una excursión. Era una excursión a Holanda y nos lo pasamos muy bien. Estábamos en el avión, regresando a España, cuando oímos decir al piloto: “Queridos pasajeros, lo siento, pero tenemos que regresar a Amsterdam, me he olvidado el pasaporte. No me van a dejar entrar en España y yo quería visitar el castillo de Aguilar de Campoó”.

Así que el avión empezó a dar la vuelta y los pasajeros empezaron a quejarse. Nosotros estábamos muy preocupados, porque nuestros padres nos estaban esperando en el aeropuerto. Pero olvidamos todas nuestras preocupaciones cuando de repente el avión se paró: ¡se había acabado el combustible! Comenzmos a chillar mientras el avión se caía. Al final nos caímos al Rin y por suerte el avión no se rompió. Así que seguimos el curso del río hasta que llegamos al océano. Un día vimos una isla mientras navegábamos e intentamos alcanzarla. Ahora estamos aquí, en medio del mar del norte, divirtiéndonos y emborrachándonos, pues descubrimos que la isla está llena de ron y vodka. Así que por favor, no nos recascatáis, nos lo estamos pasando genial!