las flores de las horas

8 05 2010

Os dejo algunas fotos que he hecho en Puentetoma, justo antes de que llegara la nieve y le diera una patada en la tripa a lo membrillos, que habían confiado en el buen tiempo y empezado a florecer. Sus flores son blancas, no tan espectaculares como las que describe Michael Ende en este fragmento de Momo, uno de mis libros favoritos, pero aún así me gustaron. Y anunque después del frío tuve la opotunidad de fotografiar las flores marchitas y los pétalos volando como enormes copos de nieve, pensé que era demasiado deprimente. Así que esta es una hora eterna, que no acaba nunca. ¡Mejor que pille en sábado y no en el trabajo o en el instituto!

“Poco a poco, Momo se fue dando cuenta de que se hallaba bajo una cúpula inmensa, totalmente redonda, que le pareció tan grande como todo el firmamento. Y esa inmensa cúpula era de oro puro.

En el centro, en el punto más alto, había una abertura circular por la que caía, vertical, una columna de luz sobre un estanque igualmente circular, cuya agua negra estaba lisa e inmóvil como un espejo oscuro.

Muy poco por encima del agua titilaba en la columna de luz algo así como una estrella luminosa. Se movía con lentitud majestuosa, y Momo vio un péndulo increíble que oscilaba sobre el espejo oscuro. Flotaba y parecía carecer de peso.

Cuando el péndulo estelar se acercaba lentamente a un extremo del estanque, salía del agua, en aquel punto, un gran capullo floral. Cuanto más se acercaba el péndulo, más se abría, hasta que por fin quedaba totalmente abierto sobre las aguas.

Era una flor de belleza tal, que Momo no la había visto nunca. Parecía componerse solamente de colores luminosos. Momo nunca había sospechado que esos colores siquiera existieran. El péndulo se detuvo un momento sobre la flor y Momo se ensimismó totalmente en su visión, olvidando todo lo demás. El aroma le parecía algo que siempre había deseado sin saber de qué se trataba.

Pero entonces, muy lentamente, el péndulo volvió a oscilar hacia el otro lado. y mientras, muy poco a poco, se alejaba, Momo vio consternada, que la maravillosa flor comenzaba a marchitarse. Una hoja tras otra caía y se hundía en la negra profundidad. Momo lo sentía con tal dolor, como si desapareciera para siempre de ella algo totalmente irrepetible.

Cuando el péndulo hubo llegado al centro del estanque, la extraordinaria flor había desaparecido del todo. Pero al mismo tiempo comenzaba a salir, al otro lado del estanque, del agua negra, otro capullo. Y mientras el péndulo se acercaba lentamente a él, Momo vio que el capullo que comenzaba a abrirse era mucho más hermoso todavía. La niña dio la vuelta al estanque para verlo de cerca.

Era totalmente diferente a la flor anterior. Tampoco los colores de ésta los había visto jamás Momo, pero le pareció que era todavía más rica y preciosa que la anterior. Tenía un olor completamente diferente, más maravilloso, y cuanto más la miraba Momo, más detalles extraordinarios descubría.

Pero de nuevo volvió el péndulo estelar, y toda esa maravilla se disolvió y se hundió, hoja a hoja, en las inescrutables profundidades del estanque oscuro.

Lentamente, muy lentamente, el péndulo volvió al otro lado, pero no alcanzó exactamente el lugar anterior, sino que había avanzado un corto trecho. Y allí, a un paso del punto anterior, comenzaba a emerger y abrirse nuevamente un capullo.

Esa flor era, realmente, la más hermosa, según le pareció a momo. Era la flor de las flores, un milagro.

Momo hubiera querido llorar cuando tuvo que ver que también esa perfección comenzaba a marchitarse y a hundirse en las oscuras profundidades. Pero recordó la promesa que le había hecho al maestro Hora, y calló.

También al otro lado había avanzado un paso el péndulo, y de las negras aguas comenzaba a surgir una nueva flor.

Momo se fue dando cuenta de que cada nueva flor era totalmente diferente a la anterior y que la que estaba floreciendo le parecía cada vez la más hermosa.

Paseando todo el rato alrededor del estanque, miraba cómo nacía y se marchitaba una flor tras otra. Y le parecía que nunca se cansaría de este espectáculo.

Michael Ende

Momo

cap. XII: Momo llega al

lugar de donde viene el tiempo

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espaguetis en su salsa

7 05 2010

Ahora que mi vida se va a volver mucho más multicultural e intercultural, diversa y diferente, me parece apropiado subir esta foto y el texto que la acompaña. La hice para el concurso de fotografía “2010 Retratos de una Generación”, organizado por vivelaculture.com, una página francesa. Se trataba de representar en una foto a nuestra generación, y todas las fotos enviadas serán incluidas en el cartel español de la película Les Beaux Gosses. La verdad es que la hice espontáneamente, más para inmortalizar los colores efímeros de los espaguetis extralargos del mercadona (efímeros porque dimos buen provecho de ellos en cuanto cayeron en nuestros platos) que por ganar el concurso. Aprovechando estos colorines, escribí (con aportación de ideas de Andrea) una sinopsis, que pretendía en parte justificar la foto y compensar su… ¿sinsentido? Aquí os lo dejo.

Somos verdes, porque de nosotros dependerá en pocos años la conservación del medio ambiente y nos hemos educado hacia la sostenibilidad. Somos negros por el conocimiento que plasmado en tinta hemos absorbido y seguimos absorbiendo durante nuestros años de estudio. Somos amarillos y naranjas. Amarillos, porque queremos convertir nuestras ideas y proyectos en capital, pero naranjas porque no pensamos sólo en el dinero, sino que tenemos ideales más allá de la riqueza. Somos rojos por nuestra pasión y la energía vital que usamos para alcanzar las metas que nos proponemos.

En definitiva, como un paquete de espaguetis multicolor.

Rígidos, acostumbrados a una estructura y a un orden exactos, nos echan al bullicio de la vida, donde debemos aprender a ser flexibles y adaptarnos, pero sin perder la textura al dente. Estamos juntos y revueltos, cada uno en su salsa diferente y complementando nuestros sabores, porque en la variedad está el gusto.

Supongo que en Noruega también seremos uns gran olla de espaguetis, aunque quizá no en salsa boloñesa como los tomamos en Puentetoma, sino acompañados de marisco u otras delicias (no sé lo que se come en Noruega), pero espaguetis al fin y al cabo…





próxima estación:…

25 04 2010

NO me voy a…

la India…

NO me voy a…

Costa Rica…

sino que me voy a…

¡Noruega!

Estoy muy emocionada, empezando a conocer por las redes sociales a alumnos de los colegios, colocando mis asignaturas, casi, casi haciendo la maleta. Subo algunas fotos más que he encontrado. Preparaos para un verano temático sobre Noruega en cuanto me hayan llegado las guías y los libros de mitología y leyendas, etc, etc…

Primero, un proyecto muy interesante que he encontrado de casualidad, especialmente dedicado a mi amiga Loyola: La Bóveda de las Semillas, en realidad la Bóveda Global de Semillas de Svalbard  (en inglés, Svalbard Global Seed Vault, en noruego Svalbard globale frøkvel o también globalt sikkerhetshvelv for frø på Svalbard, que parece mucho más poético). Está situada cerca de Longyearbyen, el mayor asentamiento del archipiélago de las islas Svalbard en el Océano Glacial Ártico, a unos 1000 km del Polo Norte.

Es un proyecto de la ONG Global Crop Diversity Trust que consiste en un almacén de semillas, el más grande del mundo, con capacidad para dos mil millones de semillas. El objetivo fundamental es preservar  mediante congelación y otros procedimientos la mayor cantidad posible de semillas distintas con interés alimenticio, para garantizar la biodiversidad de especies, proporcionar material de estudio a científicos, investigadores y especialistas y dejar un legado a generaciones futuras.

En la página web del proyecto (link más abajo) podemos leer:

“Nuestra misión es asegurar la conservación y disponibilidad de la diversidad de los cultivos para la seguridad alimentaria a nivel mundial. La lucha contra el hambre es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el mundo en las décadas por venir. La diversidad de los cultivos es fundamental para derrotar el hambre y alcanzar la seguridad alimentaria. Pero ésta se encuentra en grave riesgo.”


La Bóveda del Fin del Mundo, como la han bautizado los medios de comunicación está excavada en la ladera rocosa un monte y su entrada sobresale como la aleta cristalina de un animal marino. Las características del lugar son perfectas para el almacén. Es el lugar más septentrional con vuelos regulares (un avión al día) y el grosor de la roca y el permafrost consiguen que, incluso si no hubiera electricidad, las semillas permanecieran congeladas. Svalbard está sumido en la oscuridad constante durante cuatro meses al año.

Estructura de la Bóveda de Semillas

Os dejo algunos links de (mucho) interés:

www.croptrust.org. Esta página es de la ONG Global Crop Diversity Trust. Creo que se abre en inglés, pero veréis que existe la opción de leerla en español y otros idiomas.

www.ijardineros.com. Página sobre jardines y jardineros en español que comenta la noticia.

www.regjeringen.no. Sitio del equivalente noruego a nuestro ministerio de Agricultura. Mucha información sobre la Bóveda, pero sólo en inglés. Bueno, y en noruego, naturalmente.

Resumen en español del informe “El Depósito Mundial de Semillas de Svalbard: Salvaguardando el futuro de la agricultura mundial” del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos.

Una señal de tráfico en Svalbard, de significado fácil de adivinar.

Yo sé que no voy a pasar calor en Noruega. Sin embargo, el Colegio está situado al sur del país y no tiene demasiado que ver con esto (espero). Aquí la vida tiene que ser como en otro planeta. No me lo imagino.

Por último, el link del Colegio del Mundo Unido Red Cross Nordic de Noruega:

www.rcnuwc.no





Espinas

12 02 2010

Ola va y ola viene… Nuestro fuego de año nuevo se ha ido apagando con las masas de agua, porque aquí hemos pasado de nieve a hielo e inundaciones. Pero todo este agua merece una entrada aparte, y ahora sólo subo un detalle. Tanta humedad ha animado a salir a los caracoles y esta foto de Andrea me ha hecho reflexionar sobre las espinas…

“por el amor de una rosa, el jardinero es servidor
de mil espinas” – proverbio turco

.

“una espina de experiencia vale más

que un bosque de advertencias” – james russel lowell

.

“si tienes un amigo, visítalo con frecuencia, pues las malas hierbas y las espinas
invaden el camino por donde nadie pasa” – proverbio árabe

.

“la rosa tiene espinas, pero, ¿tiene pétalos el atún?”
roberto fontanarrosa

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“si te pinchas voluntariamente con una espina, no duele”
proverbio de los nyika

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“echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país,

y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición,

y destruiréis todos sus lugares altos;

y si no echáreis a los moradores del país, de delante de vosotros,

sucederá que los que dejaréis de ellos serán como aguijones en vuestros ojos

y como espinas en vuestros costados,

y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitaréis.”

antiguo testamento, números 33, 52.55

Cuando hay que pasar por las espinas para conseguir algo, lo único que se puede hacer es intentar evitarlas lo mejor posible…

artefacto usado en puentetoma para la caza de moras

Os dejo además con un cuento sobre rosas y espinas. Me acuerdo que de pequeña me compró Juanjo una colección de cuentos entre los que estaba éste, y siempre me ha parecido muy triste y muy bonito.

El ruiseñor y la rosa

Oscar Wilde

-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-,

pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.

-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.

Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.

-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.

-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.

-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.

-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.

-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.

Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.

-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.

-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.

-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.

-Llora por una rosa roja.

-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!

Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.

Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.

De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.

Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.

En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.

-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.

Pero el rosal meneó la cabeza.

-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.

Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.

-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.

Pero el rosal meneó la cabeza.

-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.

Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.

-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.

Pero el arbusto meneó la cabeza.

-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.

-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?

-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.

-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.

-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?

Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.

El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.

-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.

El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.

Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.

-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!

Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.

Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.

“El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!”

Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.

Al poco rato se quedo dormido.

Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.

Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.

Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.

Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.

Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.

La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.

Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.

-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.

Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.

Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.

Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.

-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.

Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.

Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.

Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.

Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.

Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.

La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.

El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.

El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.

-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.

Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.

A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.

-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.

E inclinándose, la cogió.

Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa.

La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.

-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te quiero.

Pero la joven frunció las cejas.

-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.

-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.

Y tiró la rosa al arroyo.

Un pesado carro la aplastó.

-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.

Y levantándose de su silla, se metió en su casa.

“¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica.”

Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.

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.
.
.

dedicado a aquellos que estuvieron y

a los que todavía están

detrás de una alambrada






Senderos de Fuego (III)

7 01 2010

Aunque la quema fue espectacular, nos sorprendió el resultado final, que, como dijo mi madre, quedó muy “textil”. Las cerillas quemadas se doblaban lentamente y parecían los flecos de una alfombra. Andrea tardó otras tres horas (por lo menos) en desmontarlo todo y por supuesto documentamos el proceso…





Senderos de fuego (II)

6 01 2010

Después del montaje, para el que Andrea tardó por lo menos tres horas, viene la quema, que no duró ni diez minutos. Pero valió la pena, porque realmente quedó precioso. Además, el material fotográfico que hemos recopilado bastaría para hacer un reportaje de diez horas, como mínimo. Pero me conformo con dejaros este vídeo y un cuento muy apropiado, aunque triste, sobre cerillas y sobre la última noche del año.

La niña de los fósforos

Hans Christian Andersen

¡Qué frío hacía!; nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes, que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad. Una de las zapatillas no hubo medio de encontrarla, y la otra se la había puesto un mozalbete, que dijo que la haría servir de cuna el día que tuviese hijos.

Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos completamente amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano. En todo el santo día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero chelín; volvíase a su casa hambrienta y medio helada, ¡y parecía tan abatida, la pobrecilla! Los copos de nieve caían sobre su largo cabello rubio, cuyos hermosos rizos le cubrían el cuello; pero no estaba ella para presumir.

En un ángulo que formaban dos casas -una más saliente que la otra-, se sentó en el suelo y se acurrucó hecha un ovillo. Encogía los piececitos todo lo posible, pero el frío la iba invadiendo, y, por otra parte, no se atrevía a volver a casa, pues no había vendido ni un fósforo, ni recogido un triste céntimo. Su padre le pegaría, además de que en casa hacía frío también; sólo los cobijaba el tejado, y el viento entraba por todas partes, pese a la paja y los trapos con que habían procurado tapar las rendijas. Tenía las manitas casi ateridas de frío. ¡Ay, un fósforo la aliviaría seguramente! ¡Si se atreviese a sacar uno solo del manojo, frotarlo contra la pared y calentarse los dedos! Y sacó uno: «¡ritch!». ¡Cómo chispeó y cómo quemaba! Dio una llama clara, cálida, como una lucecita, cuando la resguardó con la mano; una luz maravillosa. Le pareció a la pequeñuela que estaba sentada junto a una gran estufa de hierro, con pies y campana de latón; el fuego ardía magníficamente en su interior, ¡y calentaba tan bien! La niña alargó los pies para calentárselos a su vez, pero se extinguió la llama, se esfumó la estufa, y ella se quedó sentada, con el resto de la consumida cerilla en la mano.

Encendió otra, que, al arder y proyectar su luz sobre la pared, volvió a ésta transparente como si fuese de gasa, y la niña pudo ver el interior de una habitación donde estaba la mesa puesta, cubierta con un blanquísimo mantel y fina porcelana. Un pato asado humeaba deliciosamente, relleno de ciruelas y manzanas. Y lo mejor del caso fue que el pato saltó fuera de la fuente y, anadeando por el suelo con un tenedor y un cuchillo a la espalda, se dirigió hacia la pobre muchachita. Pero en aquel momento se apagó el fósforo, dejando visible tan sólo la gruesa y fría pared.

Encendió la niña una tercera cerilla, y se encontró sentada debajo de un hermosísimo árbol de Navidad. Era aún más alto y más bonito que el que viera la última Nochebuena, a través de la puerta de cristales, en casa del rico comerciante. Millares de velitas, ardían en las ramas verdes, y de éstas colgaban pintadas estampas, semejantes a las que adornaban los escaparates. La pequeña levantó los dos bracitos… y entonces se apagó el fósforo. Todas las lucecitas se remontaron a lo alto, y ella se dio cuenta de que eran las rutilantes estrellas del cielo; una de ellas se desprendió y trazó en el firmamento una larga estela de fuego.

«Alguien se está muriendo» -pensó la niña, pues su abuela, la única persona que la había querido, pero que estaba muerta ya, le había dicho-: Cuando una estrella cae, un alma se eleva hacia Dios.

Frotó una nueva cerilla contra la pared; se iluminó el espacio inmediato, y apareció la anciana abuelita, radiante, dulce y cariñosa.

-¡Abuelita! -exclamó la pequeña-. ¡Llévame, contigo! Sé que te irás también cuando se apague el fósforo, del mismo modo que se fueron la estufa, el asado y el árbol de Navidad. Se apresuró a encender los fósforos que le quedaban, afanosa de no perder a su abuela; y los fósforos brillaron con luz más clara que la del pleno día. Nunca la abuelita había sido tan alta y tan hermosa; tomó a la niña en el brazo y, envueltas las dos en un gran resplandor, henchidas de gozo, emprendieron el vuelo hacia las alturas, sin que la pequeña sintiera ya frío, hambre ni miedo. Estaban en la mansión de Dios Nuestro Señor.

Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas, y la boca sonriente… Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver, sentado, con sus fósforos, un paquetito de los cuales aparecía consumido casi del todo. «¡Quiso calentarse!», dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo.

FIN





Senderos de Fuego (I)

6 01 2010

Este año, en Noche Vieja ha tenido lugar en la República Independiente de Puentetoma una performance a cargo de los PuenteToma People que ha atraído a masas de espiritus desde más allá de los confines del planeta (de una galaxia muy, muy lejana…). Eso sí, gente no parecía haber mucha, por no decir que sólo estábamos allí los artistas, que fuimos nuestros propios espectadores.

Con todos ustedes, en exclusiva: ¡el Laberinto de Fuego!

Para inmortalizar algunos momentos de las preparaciones laberínticas, os dejo algunas fotos que hizo Juanjo, mientras Andrea metía cerilla tras cerilla, Uli transportaba el material necesario y yo lo grababa todo con la cámara descansando en las rodillas. Desde luego, era para vernos.