¡Qué bueno!

14 02 2010

Llevamos toda la tarde repitiendo “¡Qué bueno!” y riéndonos, así, porque sí. Cuando no es mi madre soy yo, y seguramente os preguntaréis que es eso tan hilarante que ha pasado. Resulta que estábamos viendo todos una película, Star Wars III concretamente, aunque yo la estaba mirando a medias porque en realidad quería terminar mi reseña para Lengua sobre la Sombra del Viento. Típico sábado por la tarde-noche, cuando de repente oigo que llaman a la puerta y bajo rápido, quién sabe cuánto tiempo llevaría el visitante esperando, a veces no oímos los golpes y más con espadas láser fulgurando y chocando a nuestro alrededor. Total, que bajo, abro y digo “hola”, casi antes de saber quién es, es lo que se suele decir en cualquier caso, ¿no? Pero al reconocer a la persona que está fuera, sólo una misteriosa silueta en la oscuridad, me quedo completamente descolocada. Un auténtico encuentro en tercera fase.

Me explico.

Para seguir con la analogía, nuestro encuentro en primera fase fue durante mis cinco años en la escuela de teatro Cuarta Pared, de pequeña. Recuerdo con mucho cariño los viernes por la tarde que pasaba allí. Me gustaba que después de toda la semana de colegio, deberes y rutina mi padre y yo cogíamos el metro (línea roja hasta plaza españa, trasbordo, línea tres hasta embajadores, cinco minutos andando por callejuelas con tiendas de barrio y cruzando un parque con un tobogán lleno de graffitis) y entraba en la escuela de teatro. nos descalzábamos al entrar en la clase, y lo primero que hacíamos era contar lo mejor o más interesante que nos había pasado esa semana. Con ocho años no me fijaba, pero ahora que me acuerdo, siempre me ha parecido que había un ambiente muy cálido, familiar, en la Cuarta Pared, y que me sentía bien, con otras personas que no fueran del colegio. También disfrutaba de las obras de teatro que fui a ver a la sala Cuarta Pared, tanto las de la propia compañía como las de otros: “marcelo, el extraño forastero”, “romanzo d’infanzia”, una que iba de una chica que entraba en otro mundo… Me acuerdo todavía de muchas, y de la rabia que me dio no poder ir con mis padres a ver “La Casa de Bernarda Alba”. Comprensible, con 10, 11 años supongo que no se entiende bien, pero no dejó de parecerme injusto.

Pero además de los buenos recuerdos, de esos años me he llevado también la amistad de mi profesora Gloria, que vive con Richard y Vega en un pueblo de nombre apetitoso: Calypo, mi helado favorito de Frigo. Han venido a vernos algunas veces, y nosotros a ellos: encuentros de segunda fase. Antes, a mí personalmente me gustaba más cuando nosotros íbamos a Calypo, porque Gloria & Co tienen chimenea y un montón de pinos piñoneros de los que caen piñones. Pero ahora nostros también tenemos chimenea y me da más igual. Ahora Gloria forma parte de la compañía de teatro Yokikana, y las dos veces que estrenaron obra en Madrid, Andrea y yo fuimos a verla. Las dos veces me gustó mucho, pero eso ya es otro post.

Bueno, pues el  encuentro de tercera fase que ha tenido lugar hoy ha sido la aparición de Richard enfrente de la puerta. Ha sido completamente irreal. Ya nos había comentado que a veces pasaba por el desvío a Puentetoma cuando iba a Santander o a Torrelavega, atravesando la Meseta con el camión lleno de teatro, pero eso es más o menos lo último en lo que piensas cuando ves a Anakin y Obi-Wan luchando en un planeta volcánico y tocan a la puerta. Y abres y te encuentras con alguien que por lógica “no debería” estar allí (y con eso no quiero decir que no nos alegráramos, ¿eh? todo lo contrario), tu cerebro califica de completamente absurdo lo que está viendo, que delante de ti no esté un vecino que necesite un poco de leche o que el cartero le ha dejado una carta para ti, sino un amigo de Madrid. Cuando Richard además pregunta ¿Y tú que haces aquí?, es el golpe definitivo. Fue tal la sorpresa que nos comportamos con total normalidad: dos besos, qué haces tú por aquí, ante su respuesta de que mañana hay teatro en Torrelavega, nos animamos a ir, le acompañamos a la puerta, tiene a la tropa esperándole en el camion, no les ha dicho a dónde ha ido. Mientras, Anakin Skywalker se pasa al lado oscuro de la Fuerza. Andrea se va con él, y justo cuando doblan la esquina aparecen por otro lado dos de los pasajeros buscándole. Preguntan si es aquí donde se venden productos típicos y yo me echo a reír. Claro, a saber qué habrán pensado si Richard les ha dejado en el camión, tras tres horas de viaje, con un “tengo que ver a una persona”. Menudo performance ha sido todo.

Creo que sólo pasados diez minutos me doy cuenta de lo que ha pasado, de lo enormemente sorprendida que estoy. Es cuando epezamos a decir lo de…

¡Qué bueno!


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One response

19 02 2010
diana laurencich

uh, sí…yo también diría eso si me pasa algo así…y fijate tu fallido lea, que en vez de “tu cerebro” has escrito tu celebro, ahora lo que no entendí es por qué no has visto Bernarda Alba con 11 años, mi madre me llevaba de los pelos!!!! jaja…
qué hermosos recuerdos los de Madrid eh?
bueno, yo, sigo haciendo OM con las fotos de Andrea, y esperando el momento de contestarle, ayer llegué de mis vacaciones, balta no me acompañó of course y la pasé muy bien, muy muy bien, con amigos, o sola, pero bien, en paz…
bueno, sigo, un besazo Lea!

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