de hipatia a ágora

22 12 2009

Hace tiempo ya que fui a ver Ágora, la última película de Alejandro Amenábar, y quería escribir sobre ella. Pero luego la introducción que hice de su personaje principal se convirtió en un post independiente, y después me fui a Holanda y quería subir las fotos, y después tuve bastantes exámenes (por cierto, hoy he hecho el último, he acabado definitivamente hasta el año que viene). Pero lo prometido es deuda, así que me pongo a ello, para que la “parrafada” que os he soltado sirva para algo. Aviso: ¡voy a contar el final!

Ficha técnica:

Dirección: Alejandro Amenábar

Dirección artística: José Luis Escolar

Producción: Fernando Bovaira

Diseño de producción: Guy Dyas, Alejandro Amenábar

Guión: Mateo Gil

Música: Dario Marianelli

Fotografía: Xavi Giménez

Vestuario: Gabriella Pescucci

Reparto:

Hipatia: Rachel Weisz

Orestes: Oscar Isaac

Davo: Max Minghella

Sinesio de Cirene: Rupert Evans

Cirilo de Alejandría: Sami Samir

Teón, el padre de Hipatia: Michael Lonsdale

Amonio, el parabolano que convierte a Davo: Ashraf Barhom

Alejandro Amenábar y Rachel Weisz en el rodaje de Ágora

Lo primero que vemos cuando por fin se apagan las luces y acaban los dos o tres trailers que se proyectan antes de la película para favorecer el consumismo de las masas, es una imagen de la Tierra vista desde el espacio. Nos acercamos más y más, hasta llegar a Alejandría. Allí, Hipatia (interpretada por Rachel Weisz) está enseñando a sus discípulos en la segunda Biblioteca de Alejandría. Su aula está abierta tanto a paganos, como a judíos y cristianos, porque ella no da importancia a la creencia de cada persona, y quiere evitar que entren en sus clases las tensiones que se están produciendo en el exterior: es la época en la que los cristianos, gozando del apoyo del Emperador Romano, empiezan a hacerse más poderosos, pasando de perseguidos a perseguidores. Todas las injusticias que habían sufrido hasta entonces no habían sido suficientes para enseñarles a no repetirlas. A pesar de su tolerancia, no puede impedir que haya tensiones de otra índole: su alumno Orestes (Oscar Isaac) está enamorado de ella, al igual que su esclavo Davo (Max Minghella) que sufre porque sabe que es un amor imposible, secreto y que nunca conseguirá pertenecer al mundo en el que se mueve su ama, salvo como un sirviente que a veces es reconocido y considerado persona, pero que en algunos momentos es devuelto a su rincón y a su invisibilidad.

Hipatia dando clases en la Biblioteca

Cuando los enfrentamientos entre los seguidores de la religión greco-egipcia y los cristianos escalan, algunos alumnos de la Academia salen a luchar, pero se ven superados por las fuerzas cristianas, que finalmente sitian la Biblioteca, ya que ésta no es sólo un lugar de enseñanza y conocimiento, sino que es también un templo de adoración a los dioses paganos. Desde Roma, el Emperador apoya a los cristianos, obligando a los habitantes de la Biblioteca a abandonarla. Hipatia debe huir, con las pocas obras que puede rescatar. Los cristianos entran, destrozan y queman todo lo que encuentran a su paso: los pensamientos, el conocimiento y la sabiduría acumulados durante siglos, un conocimiento que no tiene religión, ni toma partido, pero que a lo largo de la Historia de la Humanidad siempre ha pagado los platos rotos de las peleas entre los diferentes pueblos. Supongo que es una de las cosas que más duelen, cuando ves a tus enemigos destruyendo el legado irrecuperable de personas importantes y admirables, y así le duele a Hipatia ver elevarse las volutas de humo de la hoguera formada por cientos de manuscritos de grandes pensadores, científicos, matemáticos, astrónomos…

Davo, lleno de despecho por su amor ignorado y atraído por la libertad que le ofrecen los cristianos, se une a ellos. Pero aún con la prohibición de los ritos paganos, la paz no llega a Alejandría. Los cristianos se centran en su siguiente oponente: los judíos. Provocados por los cristianos durante una representación teatral, durante la cual son apedreados por los monjes parabolanos (una hermandad cristiana que por un lado cuidaba de los pobres y enfermos y por otro lado luchaban contra los “infieles”), los judíos responden con una encerrona en la que mueren muchos cristianos. Como no puede ser de otra manera, todo acaba con la expulsión de los judíos de Alejandría.

Entre el círculo y la elipse

Volvemos con Hipatia, que sigue viviendo en la ciudad, investigando sobre las órbitas planetarias. Ve con horror la violencia en las calles e intenta hablar con Orestes y Sinesio de Cirene, antiguos alumnos suyos y ahora sus amigos. El primero es el prefecto de la ciudad, que escucha los consejos de Hipatia pero está presionado por la Iglesia, y el segundo es obispo, por lo que intenta convencerla de hacerse cristiana. Ella contesta con una de las mejores frases de la película, diciendo que los cristianos no pueden dudar de su fe, y sin embargo ella como científica y filósofa debe dudar.

Cirilo de Alejandría, el Patriarca cristiano de la ciudad, que ya se ha librado de los paganos y de los judíos, se da cuenta de que la única traba a su poder es Hipatia misma, una mujer que vive sola, sin casarse, sin pertenecer a ninguna religión y dedicada a la ciencia, un cúmulo de circunstancias que la hace peligrosa y la convierte, según la interpretación más conveniente para el Patriarca, en una bruja impía. Durante su misa intenta forzar al prefecto Orestes a renegar de Hipatia, cosa que Orestes no hace.

Sinesio y Orestes intentan por última vez hacer “entrar en razón” a Hipatia, sin conseguirlo. Por la calle, Hipatia es detenida por un grupo de monjes parabolanos, seguidores de Cirilo, que la llevan al templo con la intención de torturarla y asesinarla. En la película, Davo, que duda ya de la verdad que proclama la Iglesia, los sigue y en una última demostración de amor (relativa), la mata asfixiándola para que no tenga que sufrir.

Es triste pensar que en la realidad no hubo Davo ni ninguna otra persona evitó que Hipatia antes de ser asesinada tuviera que sufrir las torturas cristianas. También es triste que los descubrimientos de Hipatia, como la forma ovalada de las órbitas planetarias, y las de otros científicos fueran borrados por los cristianos y tuvieran que “redescubrirse” muchos años más tarde, y que los científicos que se atrevieron a decir que la Tierra no era plana ni el centro del Universo sufrieron también entonces las represalias de la Iglesia Católica.

Sobre las religiones

Me parece que la película trata con elegancia un tema tan antiguo como desgraciadamente actual: el fanatismo religioso y las consecuencias destructivas que tiene.

Tengo la sensación que las religiones monoteístas son mucho más impositivas que las demás. Es como si creer en un dios único diese derecho a obligar a todos los demás a creer en el mismo. Quizá es que un dios único no sabe compartir. Creo que si yo tuviera que elegir alguna religión para creer, me inclinaría antes hacia la griega. Primero, porque tienes un montón de dioses rondando por el Olimpo entre los cuales puedes escoger a uno con el que estés más de acuerdo. Y segundo, porque no te los pintan perfectos: se equivocan, tienen celos, roban, desean lo que no es suyo, son infieles (¡pregunta a Zeus!), se dejan llevar por sus pasiones, tienen a sus preferidos entre los mortales… Como todo el mundo, vamos.

Cirilo, el malo malísimo de Ágora, pero en realidad un santo (en el santoral de la Iglesia Católica)

De todas formas, menos mal que no tengo que elegir, y que si algún días me dedico a la astronomía, no me pregunten antes de entrar en la Universidad si creo en Dios 1 o en Dios 2 o en Dios 89.

Sobre el ser mujer

Quitando la muerte tan trágica que sufrió Hipatia, creo que tuvo bastante suerte durante su vida. Más o menos pudo conducirla por el camino que eligió ella misma, cosa que no era fácil en aquella época para una mujer, en especial cuando el camino elegido es el de la ciencia, renunciando al matrimonio y a una familia, porque parecía difícil compaginar la científica con la esposa y la madre (al fin y al cabo, lo de la conciliación de la vida laboral y familiar tampoco está tan fácil hoy en día, ¿no?). Su padre Teón de Alejandría, filósofo y director de la Biblioteca, mostró suficiente respeto y tolerancia como para no casarla con quien él creyera adecuado, sino que dejó a su hija la libertad que necesitaba. Porque había entendido que apartarla la hubiera matado.

Sobre las relaciones humanas

También me ha dado la lata mi madre para que en mi “hojalata” escriba algo sobre la relación que tienen Hipatia y Orestes (“hojalá” se saque tiempo para hacer su propio blog). De lo que tenemos constancia es de la relación epistolar entre Hipatia y Sinesio de Cirene, pero en la película cobra más importancia la amistad entre la filósofa y Orestes. Orestes, que cuando fuera su alumno le había declarado su amor, exponiéndose en público y recibiendo constantemente negativas, había alcanzado el puesto de prefecto de Alejandría y aceptado la idea de que no iba a conseguir el amor de Hipatia. Hasta la muerte de su antigua maestra fue un amigo fiel que intentó protegerla y escuchaba sus consejos en asuntos del gobierno de la ciudad, lo que le dio a Hipatia una posición bastante privilegiada dentro de la ciudad, evitando por algún tiempo que la Iglesia se metiera con ella (eso sí, al estar en esa situación, la tenían en el punto de mira). Y cuando al final Cirilo pone en evidencia la relación de Orestes con una mujer impía, una bruja, él se atreve a plantarle cara sin doblegarse a su poder, lo que le coloca en una situación delicada y peligrosa, porque reconoce la importancia que tiene para él Hipatia. Hay una escena muy bonita en la que están los dos en casa de ella, y Orestes insinúa de nuevo los sentimientos que tiene por ella, pero Hipatia comienza a hablar de sus descubrimientos más recientes. Orestes se da cuenta de que él no pertenece a ese mundo, y que Hipatia nunca pertenecerá al suyo de la manera que a él le gustaría. Pero no por eso se aparta de ella ni la deja caer, sino que sigue siendo su amigo.

Aún así hay algunas cosas que no me han convencido del todo. Por ejemplo, parece mentira que una mujer tan adelantada a su época y que cuestionaba las tradiciones y los dogmas de las diferentes religiones y que no discriminaba a sus alumnos por sus creencias, parecía asumir sin problemas la existencia de esclavos, es decir, la discriminación de personas por su cultura, su lugar de procedencia o por la familia en la que han nacido, algo que en teoría debía estar en contradicción con sus principios, y no se plantea ni por un momento que los esclavos pudieran tener sentimientos, ni que éstos pueden ser heridos. Me han parecido flojas las actuaciones masculinas y es una pena, porque los papeles, por lo menos el de Orestes, hubiera resultado interesante, bien desarrollado. Sí que me ha gustado la protagonista, Rachel Weisz, ya que expresa muy bien el entusiasmo por la ciencia, la fuerza, la integridad de Hipatia y su atractivo inconsciente, casi inocente.

Lo que llama la atención es que en la película Hipatia no parece envejecer. Se supone que muere con más o menos sesenta años, mientras que en Ágora tiene el mismo aspecto que cuando enseña en la Biblioteca con, digamos, cuarenta años. Aunque es verdad que a veces los técnicos de maquillaje o como quiera que se llamen, envejecen tan mal a una actriz (¡volveré a hablar de esto!) que es preferible que no se haga, es un poco raro que Hipatia permanezca eternamente joven, con lo respetable que son las canas en un sabio, o una sabia en este caso.


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One response

24 12 2009
ingrid

me la has vendido!!!

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