the straight story (II)

2 11 2009

Reconozco que nuestra historia del otro día tiene poca profundidad, y el final ha sido muy típico para un crucero de adolescentes. Ya hubiera sido demasiada suerte que después de una semana sometidos al control “profesoril” y a sequía etílica, nos hubiéramos encontrado con un paraíso lleno de los restos de contrabando de piratas, un contrabando Rusia-Caribe, de ron y vodka, y encima en el Mar del Norte. Allí lo único que me he encontado las dos veces que he ido son gambas y cuando se va el agua del mar, un desierto de barro buenísimo para la piel donde puedes hundir los pies y ver como te salen los gusanos de barro entre los dedos. Hmmm… Si yo hubiese sido la única que navegaba en el avión, seguramente me hubiera encontrado una cosa completamente diferente…

Después de varios días a la deriva en el frío Mar del Norte me encontraba ya sin agua ni alimentos porque me había acabado rápidamente los asquerosos víveres del avión. También me había comido las suelas de mis zapatos y las mascarillas de emergencia. ¡Ah! y también el maquillaje que había conseguido meter de contrabando, burlando los controles de seguridad de ambos países. Total, que me dolía la tripa como no os lo podeís imaginar. Estaba a punto de desistir y dejar que el frío mar llevase mi cuerpo de vuelta a Europa, como una guerrera caída en la lucha, cuando divisé a lo lo “>lejos una isla que bien podía ser un espejismo. Pero los espejismos también tienen sentimientos y merecen una oportunidad, así que intenté alcanzarla con mis últimas reservas de glúcidos, es decir, de energía. Cuando mis células estaban tan agotadas que ya no podían hacer respiración celular en las mitocondrias, me demayé, pero lo último que noté fué que el barco, que en realidad era un avión, había encallado. Lo había conseguido. Lo primero que hice cuando me desperté, y después de devolver todos las sustancias extrañas que había comido (aunque creo que lo peor fue la comida de avión), fue echar un vistazo a la isla. Me adentré un poco en la jungla (sí, había una jungla en medio del mar del Norte, ¿algún problema?), y al poco tiempo me topé con lo que debían de ser los restos de un campamento. Había unas hamacas, las cenizas de una hoguera y un extraño aparato que podía se una cámara. Me acerqué a ésta y pude leer con asombro: “Camera 1. BIG BROTHER”. ¡Ostras! Claro, ya sabía lo que pasaba aquí. ¡Estaba en una de esas islas psedoabandonadas donde tenía lugar ese programa tan famoso, gran hermano, sobre supervivientes en una isla o algo parecido, que tuvo que ser suspendido porque todos los participantes y muchos espectadores se volvieron locos y hubo que reducirles a base de dardos con somnífero para rinocerontes!

Aunque daba un poco de miedo estar en un lugar donde se había producido tal desastre, seguramente podría encontrar algunas latas de alimentos del equipo de producción. Efectivamente, seguí caminado y al poco tiempo estaba enfrente de una casa enorme y con grandes cristaleras que daban al sur. ¡Ja! ya sabía yo que eso de la tele-realidad era una tontería. Al lado de esa mansión había una choza y ni siquiera tuve que forzar la puerta para entrar. Dentro había una auténtica montaña de latas, bastante oxidadas, que sólo esperaban a ser abiertas y vaciadas.

Así que aquí estoy, engordando de tanto comer raviolis precocinados, atún y melocotón en almíbar. Pero la verdad es que esta isla es el lugar ideal para inspirarse y estoyteniendo un montón de ideas para el blog. Lamentablemente no dispongo de un portátil ni hay wi-fi. Me dedico a escribir los post en hojas de palmera y meterlos en latas para lanzarlos al mar. En el continente tengo a un empleado que se dedica a recoger las latas y subirlas al blog. Prefiere permanecer en el anonimato ante la amenaza de los paparazzi. Un saludo, Lea.

Ahora que ya puedo descansar, ya he revelado toda la verdad y nada más que la verdad, quería explicaros el título que he escogido para estos dos post. Porque es también el título de una película de David Lynch que he visto hace poco. Primero me gustaría decir que lo he visto gracias a un proyecto cultural que está empezando a crecer en Aguilar, llamado “Aguilar con pasión”, en el que se está dando contenido al espacio de La Compasión, surgido hace relativamente poco. Para ello, se ha desarrollado un programa que incluye la proyección de películas y cortometrajes, artes escénicas y cursos de cine, teatro y danza. Esta última parte empezará más adelante, pero el mes pasado ya hemos podido disfrutar de un ciclo de cortometrajes vascos, dos teatros, uno de ellos con globos, muy bonito, y dos películas: “the straight story” y “la ley de la calle”. Ambas se merecen un post, pero éste será para la primera. “The straight story”, traducido en España por “una historia verdadera”, es un juego de palabras, porque además de ser una historia recta, verdadera, basada en hechos reales, es la historia de Alvin Straight. Alvin (Richard Farnsworth) es un hombre de 73 años que vive en Laurens, en el estado de Iowa, con su hija. Un día recibe la noticia de que su hermano Lyle, con el que no se habla desde hace 10 años, ha tenido un infarto. Así que decide tragarse su orgullo y montarse en su segadora John Deere para viajar hasta Mt. Zion, en el estado de Wisconsin. En su odisea se encuentra con diferentes personas, que son para el espectador las paradas del viaje en las que van conociendo poco a poco la historia del protagonista. Así, le cuenta a una chica embarazada que se ha ecapado de su casa cómo su hija Rosie perdió a sus hijos por su supuesta incapacidad de cuidarlos, en una taberna habla con un señor de su generación sobre sus recuerdos de la guerra, y charla con un grupo de ciclistas que le adelanta en la carretera sobre lo bueno y lo malo de ser mayor. Una de mis “estaciones” favoritas es en la que una mujer atropella a un ciervo, y cuando Alvin le pregunta si puede ayudarla, le cuenta desesperada que cada vez que pasa por esa carretera, atropella a un ciervo. Pone la música a todo volumen, da golpes en la puerta del coche pero no sirve para nada. ¡Y ella tiene que circular por esa carretera para ir y volver del trabajo! Se monta en el coche y sigue conduciendo a la misma velocidad con la que iba.

thestraightstory

La película es, por lo tanto, un viaje contado por capítulos, y entre cada uno de ellos te dejan un espacio para digerir lo sucedido, mientras el protagonista continua su travesía en carreteras vacías, a lo largo de campos de cereales infinitos. cuando al final llega a casa de su hermano, basta una mirada entre los dos para entenderse, para que uno comprendiera el viaje, tanto interior como exterior, que le había sacrificado el otro, y para que el otro supiera que había sido necesario hacerlo. Las últimas frases de la película lo expresan perfectamente:

Lyle:– Did you ride that thing all the way out here to see me?

Alvin:– I did, Lyle

Traducido (por mí), es algo así:

Lyle:– ¿Condujiste ese trasto todo el camino hasta aquí para verme?

Alvin:– Sí, lo hice, Lyle.

Y después, rememorando los días de su infancia en los que miraban juntos las estrellas, se sientan en el porche y buscan las constelaciones, a pesar de que todavía no se haya escondido el sol. Da igual.

Una película preciosa y muy recomendable, y aunque mi madre tiene razón cuando dice que llega más a las personas que ya han notado lo que es llegar al final, o a la mitad de la vida, aunque no sea la suya, me ha gustado muchísimo. Al fin y al cabo, en realidad sé que mi vida no va a ser la excepción y no va a ser infinita, aunque ahora lo parezca…

thestraightstory


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: