el juicio de paris

14 05 2010

En este trimestre, una de las exposiciones orales que tenemos que hacer para inglés es sobre un mito o una leyenda, y yo hablaré del comienzo de la guerra de Troya. Sobre todo de los motivos “de culebrón”: que si éste quería casarse con la otra, que si abandonaron al hijo porque el oráculo dijo que malo, malo, que si la otra se venga porque no la han invitado a la fiesta… En fin, a mi me resulta mucho más fácil creer en los dioses del Olimpo, que eran (o son) apasionados, crueles, amantes, infieles, y nada imparciales, mucho más parecidos a los humanos, que en el dios perfecto que han creado algunas religiones monoteístas.

Como va siendo costumbre, os dejo el texto en inglés y luego la traducción, un poco más adornada y desarrollada. Para ilustrarlo, se me ocurrió buscar el juicio de paris en google… Y resulta que la Historia del Arte está plagada de representaciones del mito. Desde cerámica griega hasta reinterpretaciones kitsch, pasando por una analogía que me ha gustado muchísimo. Así que preparaos para ver mujeres  más mujeres en distintos estados de desnudez entre párrafo y párrafo, para endulzaros la lectura. ¡Todo sea por el Arte! Primero, un cuadro de la boda de Tetis y Peleo y otro de Eris, la diosa de la Discordia. Espero que os guste.

Bodas de Tetis y Peleo, Jordaens (s. XVI)

Eris representada en cerámica griega

As I love the ancient Greek myths, with all these gods and goddesses, heroes and monsters walking around I’ve decided I will talk about a very famous Greek myth, told by the author Homer in his epic The Iliad: The Trojan War.

But I’m not going to explain the battles, I’m not going to describe the ten long years the Greeks spent besieging Troy and it isn’t easy to remember which Greek hero killed which Trojan hero, so I won’t say that, either. What I am going to tell you is why this war started. Now, people say that everything began because of the richness of Troy, but I don’t believe this was the only reason. It is true that Troy was very wealthy. The city was located at the western entrance of the Dardanelles, formerly known as the Hellespont, a narrow strait in northwestern Turkey. Every ship that wanted to enter the Sea of Marmara coming from the Aegean Sea had to pay taxes to Troy.

Cerámica griega con motivos del mito de Paris y Helena.

Actualmente se encuentra en el Museo Louvre de París.


But in my opinion, everything started because of a completely different reason: the beauty of a young woman, the princess Helen of Sparta. Her father, King Tyndareus, had decided to marry her and a lot of suitors, princes, kings and heros came from overseas to ask for her hand in marriage. It was told that she actually was the daughter of Zeus, the most powerful god of the Olympus, who didn’t use to remain loyal to his wife. But either Helen was his daughter or not, she was considered the most beautiful woman that ever lived and she could turn a man crazy with only one look.

While Helen was deciding who would be her husband, the situation was very tense. Each suitor wanted to show that he was the strongest and the wealthiest. Tyndareus was worried, but Odysseus, the pirate king of Ithaka, known because of his intelligence, ingenuity and cunning, told him he knew a way to keep the peace between the visitors. He would force them to swear allegiance to Helen’s future husband, whoever she choose. If they didn’t do it, they would have to leave Sparta.

Finally, Helen chose Menelaus, the brother of Agamemnon, king of Mycenae. After the wedding, everybody sailed back home.

Mosaico encontrado en Sevilla. Hecho en el 500 d. C. aproximadamente.

At the same time, another wedding was being celebrated not far away. It was the wedding of Peleus, king of the Myrmidons, and the nymph Tethis, who would be the parents of Achilles. The gods and goddesses were eating together at the Mount Olympus, the mountain from which top the gods govern the world. All of them but Eris, the goddess of discord, who always used to ruin the parties where she went to with her crossness. To take revenge, she entered the party invisible and left a golden apple on the table, the Golden Apple of Discord, addressed to “The Fairest One”.

As expected, a fight started soon between three goddesses: Hera, Zeus’ wife, Athene, the goddess of wisdom, and Aphrodite, the goddess of love. All of them were incredibly beautiful and also powerful, that’s why no one in the Olympus could or wanted to choose one. At last, Zeus decided that a human man called Paris should be the judge of the beauty contest.

Obra anónima italiana, de 1430.


El juicio de Paris, de Francesco di Giorgio Martini, 1460.

Paris was the son of Priam, king of Troy, and his wife Hecuba, but his family had left him in a forest when he was a baby because an oracle had prophesied that he would bring misfortune to Troy. A shepherd found him and adopted him. So, Paris didn’t know anything about his noble birth.

When the three stunning goddesses appeared on the clearing where Paris was resting, he thought he was dreaming. But Hera, Athene and Aphrodite explained him their problem and asked him to give the apple to one of them. As they saw that Paris was incapable of deciding, they bribed him. Hera promised him power and glory, Athene offered him wisdom and Aphrodite offered him the love of the most beautiful woman, Helen. Of course, Paris gave the golden apple to Aphrodite. Then, the goddesses told him who his father was and Paris decided to go to Troy. Priam and Hecuba were very happy when they saw how handsome and noble their son had become and tried to forget the bad prophecy.

Juicio de Paris, atribuido a Dominico Veneziano (1461)

By chance, Paris was sent to Sparta as Troy’s ambassador. There he met Helen and soon they fell in love with each other. After a few days, the young couple escaped to Troy.

Menelaus got very angry and asked his brother Agamemnon and the other Greek kings to help him conquer Troy and get his wife back. Agamemnon was pleased to start the war, he wanted the richness of Toy for himself, and the other Greeks had promised allegiance to Menelaus… So, they all sailed to Troy and the battle began. It would last for ten years and end in a quite peculiar way, but this is another story. The one I wanted to tell you is finished!

El juicio de Paris, Sandro Botticellli (1485)

El juicio de Paris, Girolamo de Benvenuto (1510)

Como me encanta la mitología griega, con todos esos dioses, diosas y semidioses, héroes, reyes y monstruos rondando por el mundo, os contaré una historia de la Grecia Antigua, la que ya relatara Homero en su epopeya La Ilíada: la guerra de Troya. Con menos maestría y destreza en el uso de la palabra, sin versos ni figuras estilísticas, pero a cambio más corto y ligero de leer.

Sin embargo, por muy resumido que lo escriba, estaríamos aquí hasta mañana si os quisiera narrar las batallas, explicar las estrategias, describir los diez largos años durante los cuales los griegos asediaron Troya, acordarme de qué guerrero griego mató a qué guerrero romano y viceversa… Por eso trataré únicamente lo que desencadenó la guerra, lo que sucedió antes de que la sangre llegara al río, o, en este caso, al mar. Y aunque no todo el mundo está convencido de la existencia (por lo menos en aquellos tiempos) de los dioses del Olimpo, dan mucho más juego los motivos mitológicos que los posibles desencadenantes reales, que de una manera u otra siempre tienen que ver con el dinero… Así que saltamos rápidamente por encima de ellos, concediéndoles sólo tres o cuatro frases, para meternos en una maraña de líos, enredos, envidias, promesas, secretos y tretas de dioses y mortales en la Grecia Antigua.

Juicio de Paris, Niklas Manuel Deutsch (1517)

El juicio de Paris, Aelst Pieter van Coecke (1533)

El motivo básico, histórico, probablemente real, por el que estalló la guerra de Troya fue la riqueza de la ciudad (ya os lo he dicho: money, money…). Estaba situada en la Península de Anatolia, en la entrada oeste al estrecho de los Dardanelos, por entonces conocido como el Helesponto. El estrecho era la única entrada (¡y salida!) al Mar de Mármara para los barcos que venían desde el Mar Egeo para comerciar, y si querían pasar, tenían que pagar impuestos a Troya. Las arcas del rey, llenas por estos pagos, generaron la envidia de sus vecinos, que finalmente decidieron atacar Ilión (otro nombre por el que se conoce Troya).

Pero si pasamos ya al culebrón, lo que realmente dio lugar a la guerra fue algo que levanta más pasiones todavía que el dinero… La belleza de una mujer. No de una mujer cualquiera, sino de la princesa Helena de Esparta. Su padre, el rey Tindáreo, había decidido casarla e innumerables pretendientes habían venido desde todas las islas y demás regiones de Grecia para pedir su mano. Se decía que en realidad, Helena era hija del mismísimo Zeus, dios de dioses, que había seducido a Leda, la mujer de Tindáreo, en forma de cisne. Se decía también que por eso Helena había nacido de un huevo de cisne y que eso explicaba la blancura de su piel. Pero ya fuese cierto o no, era la mujer más bella que se había visto jamás, capaz de enloquecer a un hombre con una sola mirada. Era comprensible la afluencia de jóvenes (y no tan jóvenes) a la corte de Tindáreo.

Serie El juicio de Paris, de Cranach el Viejo (1512,1529 y 1530 respectivamente)

Mientras Helena decidía quién iba a ser su futuro esposo, la tensión crecía entre los pretendientes. Cada uno quería demostrar que era el más fuerte, el más rico, el más poderoso… Tindáreo estaba cada vez más preocupado. Pero Odiseo, el hombre de las mil tretas, el rey pirata de la isla Ítaca, conocido por su inteligencia, su astucia y su inventiva, encontró la solución. Hizo jurar a todos los pretendientes lealtad al elegido, quienquiera que fuese. Por cierto, que Odiseo unos días antes hubiera pedido su peso en oro por una solución así. Había acudido a Esparta como pretendiente, pero en realidad eso sólo era una escusa. Le interesaba establecer relaciones comerciales con otros reinos y se olía buenos negocios. Sin embargo había conocido en Esparta a la prima de Helena, la dulce Penélope y se había quedado prendado de ella. Así, ayudó a Tindáreo a cambio de que éste intercediese en su favor ante el padre de Penélope.

El juicio de Paris, Anselm Feuerbach (1870)

El juicio de Paris, Manfred Schwarz (s.XX)

Arreglado este asunto, Helena escogió a Melenao Atrida, hermano de Agamenón, el rey de Micenas, y después de la boda cada uno se metió en su barco y puso rumbo a casa.

No muy lejos de allí se estaba celebrando otra boda: la de la ninfa del mar o nereida Tetis y Peleo, rey de los mirmidones. Aunque Zeus estaba en realidad encaprichado con Tetis, rondaba por allí una profecía según la cual el hijo de Tetis sería más poderoso que su padre. Además, las relaciones entre padres e hijos en el Olimpo estaban de todas formas un poco tensas: Zeus se había convertido en el dios de dioses destronando a su padre Crono, que a su vez había alcanzado el poder destronando al suyo, Urano. Zeus no confiaba mucho en sus hijos, como para encima tener a uno que sería más poderoso que él. Así que renunció a Tetis. Tetis y Peleo, por cierto, serían más tarde los padres de un hombre que evidentemente superó a su padre: Aquiles. Pero eso es otra historia. Estaban, pues, todos los dioses reunidos en el Olimpo, en un banquete que nosotros no podríamos incluir ni en nuestros más exuberantes sueños, regado con la ambrosía divina. ¿Todos? Pues no… No habían invitado a Eris, la diosa de la Discordia, que solía arruinar todas las fiestas a las que asistía con su mal humor y su cualidad de meter cizaña… En fin, ¡de crear Discordia!

El juicio de Paris, Salvador Dalí (1950 y 1960)

Eris no dejó pasar el error y para vengarse entró en la fiesta invisible y dejó en el centro de la mesa una preciosa manzana dorada con la inscripción: “Para la Más Bella”. Tal y como había previsto, enseguida comenzó una disputa entre tres diosas, poderosas y hermosas la tres, aunque cada una a su manera: Hera, la esposa de Zeus, Atenea, la diosa del la sabiduría y del arte de la guerra, y Afrodita, la diosa del amor (aunque en un sentido más… físico y menos… romántico que el significado que pueda tener la palabra “amor” en la sociedad actual).

EL juicio de Paris, Ernst Ludwig Kirchner (1912)

Las demás diosas estaban de morros porque ni siquiera eran candidatas al premio, Hera, Atenea y Afrodita se miraban como si de un momento a otro fueran a abalanzarse unas sobre otras, ningún dios se atrevía a intervenir. Para salvar la fiesta, Zeus decidió delegar en un mortal el tomar la decisión y elegir a la más bella. Escogió como jurado del concurso de belleza a Paris, un pastor supuestamente justo que era, sin saberlo, el hijo del rey Príamo de Troya. Resulta que una profecía (¡otra!) había avisado a sus padres en cuanto nació de que traería la desgracia sobre Roma. Incapaces de matarlo, lo abandonaron en el bosque (ya ves tú, que padres más amorosos), donde lo encontró un pastor, que lo acogió como si fuera su propio hijo.

El juicio de Paris, Ivo Saliger (1939)

El juicio de Paris, Adolf Ziegler (alrededor de 1940)

Pero por muy justo que fuera Paris, cuando las tres diosas aparecieron en el claro donde descansaba, se quedó con la boca abierta, y después de que le hubieran explicado todo el problema, aún no era capaz de cerrarla. Viendo que no hacía ademán de decidirse, las diosas lo sobornaron: Hera le prometió gloria, poder y Europa y Asia bajo su gobierno. Atenea le ofreció sabiduría y convertirle en el mejor estratega y guerrero de la Historia. Afrodita se acercó y sólo le susurró al oído: “A cambio de la manzana, te daré el amor de la mujer más hermosa del mundo.” Por supuesto, Paris no dudó en entregarle el trofeo a Afrodita. Después, las deidades le explicaron de quién era hijo y Paris decidió probar suerte y viajar a Troya para presentarse ante sus padres.

El juicio de Paris, Charles Bell (s. XX)

Príamo y su mujer Hécuba se pusieron tan contentos al volver a ver a su hijo, un joven tan apuesto e inteligente, que intentaron olvidarse del oráculo y le aceptaron a su lado.

Pasado un tiempo, Paris fue enviado “por casualidad” a Esparta como embajador de Troya. A partir de entonces todo ocurrió muy rápido, y pocos días después, no se sabe si por fuga o por rapto, Helena ya estaba en Ilión.

El juicio de Paris, Antonio Mingote (1994)

Quizá su marido Menelao lo hubiera dejado todo como estaba, al fin y al cabo tenía el trono de Esparta. Su hermano Agamenón, en cambio, tenía ahora la excusa perfecta para atacar Troya y hacerse con sus riquezas, así que no dejó de insistir hasta que todos los antiguos pretendientes, ligados por el juramento de lealtad, embarcaran con sus ejércitos y navegaran hacia Troya.

El juicio de Paris, Robert Hodgins (2002)

El juicio de Paris, Mary Ellen Croteau (2006)

El juicio de Paris por Rubens, Eleanor Antin (2007)

Odiseo, del que había surgido la idea de la promesa, había tenido un hijo, Telémaco, y no quería abandonar a su familia. Para eludir el llamamiento, fingió haber perdido el juicio cuando fueron a verle Menelao y Palámedes. Cuando lo encontraron, empuñaba un arado tirado por un buey y un asno y sembraba puñados de sal y conchas en los surcos, mientras cantaba desvergonzadas canciones de navegantes. Palámedes no se dejó engañar y colocó al recién nacido Telémaco delante del arado. Odiseo tuvo que parar la comedia si no quería aplastar a su propio hijo. Viendo que había perdido, prometió implicarse en cuerpo, alma y mente en la guerra, promesa que cumplió con creces.

Pero eso también es otra historia.

El juicio de Paris, Verónica Analía Aguirre (2008)

El juicio de Paris o Paris y las prepago, Darío Ortiz Robledo

Encontraréis recopilaciones artísticas más extensas sobre el juicio de Paris aquí:

- el vellocino de oro. blog de contenido sobre cultura griega y romana. ¡fantástico!

- fachgruppe kunst/gymnasium salzgitter-bad. línea cronológica de cuadros en la página de un instituto alemán.

- idyllĭum. blog de arte y mitología en español. muy interesante.

Para acabar, mi favorito. Lo podéis ver en el Museo del Prado.

El juicio de Paris, Federico Jiménez Fernández





de hipatia a ágora

22 12 2009

Hace tiempo ya que fui a ver Ágora, la última película de Alejandro Amenábar, y quería escribir sobre ella. Pero luego la introducción que hice de su personaje principal se convirtió en un post independiente, y después me fui a Holanda y quería subir las fotos, y después tuve bastantes exámenes (por cierto, hoy he hecho el último, he acabado definitivamente hasta el año que viene). Pero lo prometido es deuda, así que me pongo a ello, para que la “parrafada” que os he soltado sirva para algo. Aviso: ¡voy a contar el final!

Ficha técnica:

Dirección: Alejandro Amenábar

Dirección artística: José Luis Escolar

Producción: Fernando Bovaira

Diseño de producción: Guy Dyas, Alejandro Amenábar

Guión: Mateo Gil

Música: Dario Marianelli

Fotografía: Xavi Giménez

Vestuario: Gabriella Pescucci

Reparto:

Hipatia: Rachel Weisz

Orestes: Oscar Isaac

Davo: Max Minghella

Sinesio de Cirene: Rupert Evans

Cirilo de Alejandría: Sami Samir

Teón, el padre de Hipatia: Michael Lonsdale

Amonio, el parabolano que convierte a Davo: Ashraf Barhom

Alejandro Amenábar y Rachel Weisz en el rodaje de Ágora

Lo primero que vemos cuando por fin se apagan las luces y acaban los dos o tres trailers que se proyectan antes de la película para favorecer el consumismo de las masas, es una imagen de la Tierra vista desde el espacio. Nos acercamos más y más, hasta llegar a Alejandría. Allí, Hipatia (interpretada por Rachel Weisz) está enseñando a sus discípulos en la segunda Biblioteca de Alejandría. Su aula está abierta tanto a paganos, como a judíos y cristianos, porque ella no da importancia a la creencia de cada persona, y quiere evitar que entren en sus clases las tensiones que se están produciendo en el exterior: es la época en la que los cristianos, gozando del apoyo del Emperador Romano, empiezan a hacerse más poderosos, pasando de perseguidos a perseguidores. Todas las injusticias que habían sufrido hasta entonces no habían sido suficientes para enseñarles a no repetirlas. A pesar de su tolerancia, no puede impedir que haya tensiones de otra índole: su alumno Orestes (Oscar Isaac) está enamorado de ella, al igual que su esclavo Davo (Max Minghella) que sufre porque sabe que es un amor imposible, secreto y que nunca conseguirá pertenecer al mundo en el que se mueve su ama, salvo como un sirviente que a veces es reconocido y considerado persona, pero que en algunos momentos es devuelto a su rincón y a su invisibilidad.

Hipatia dando clases en la Biblioteca

Cuando los enfrentamientos entre los seguidores de la religión greco-egipcia y los cristianos escalan, algunos alumnos de la Academia salen a luchar, pero se ven superados por las fuerzas cristianas, que finalmente sitian la Biblioteca, ya que ésta no es sólo un lugar de enseñanza y conocimiento, sino que es también un templo de adoración a los dioses paganos. Desde Roma, el Emperador apoya a los cristianos, obligando a los habitantes de la Biblioteca a abandonarla. Hipatia debe huir, con las pocas obras que puede rescatar. Los cristianos entran, destrozan y queman todo lo que encuentran a su paso: los pensamientos, el conocimiento y la sabiduría acumulados durante siglos, un conocimiento que no tiene religión, ni toma partido, pero que a lo largo de la Historia de la Humanidad siempre ha pagado los platos rotos de las peleas entre los diferentes pueblos. Supongo que es una de las cosas que más duelen, cuando ves a tus enemigos destruyendo el legado irrecuperable de personas importantes y admirables, y así le duele a Hipatia ver elevarse las volutas de humo de la hoguera formada por cientos de manuscritos de grandes pensadores, científicos, matemáticos, astrónomos…

Davo, lleno de despecho por su amor ignorado y atraído por la libertad que le ofrecen los cristianos, se une a ellos. Pero aún con la prohibición de los ritos paganos, la paz no llega a Alejandría. Los cristianos se centran en su siguiente oponente: los judíos. Provocados por los cristianos durante una representación teatral, durante la cual son apedreados por los monjes parabolanos (una hermandad cristiana que por un lado cuidaba de los pobres y enfermos y por otro lado luchaban contra los “infieles”), los judíos responden con una encerrona en la que mueren muchos cristianos. Como no puede ser de otra manera, todo acaba con la expulsión de los judíos de Alejandría.

Entre el círculo y la elipse

Volvemos con Hipatia, que sigue viviendo en la ciudad, investigando sobre las órbitas planetarias. Ve con horror la violencia en las calles e intenta hablar con Orestes y Sinesio de Cirene, antiguos alumnos suyos y ahora sus amigos. El primero es el prefecto de la ciudad, que escucha los consejos de Hipatia pero está presionado por la Iglesia, y el segundo es obispo, por lo que intenta convencerla de hacerse cristiana. Ella contesta con una de las mejores frases de la película, diciendo que los cristianos no pueden dudar de su fe, y sin embargo ella como científica y filósofa debe dudar.

Cirilo de Alejandría, el Patriarca cristiano de la ciudad, que ya se ha librado de los paganos y de los judíos, se da cuenta de que la única traba a su poder es Hipatia misma, una mujer que vive sola, sin casarse, sin pertenecer a ninguna religión y dedicada a la ciencia, un cúmulo de circunstancias que la hace peligrosa y la convierte, según la interpretación más conveniente para el Patriarca, en una bruja impía. Durante su misa intenta forzar al prefecto Orestes a renegar de Hipatia, cosa que Orestes no hace.

Sinesio y Orestes intentan por última vez hacer “entrar en razón” a Hipatia, sin conseguirlo. Por la calle, Hipatia es detenida por un grupo de monjes parabolanos, seguidores de Cirilo, que la llevan al templo con la intención de torturarla y asesinarla. En la película, Davo, que duda ya de la verdad que proclama la Iglesia, los sigue y en una última demostración de amor (relativa), la mata asfixiándola para que no tenga que sufrir.

Es triste pensar que en la realidad no hubo Davo ni ninguna otra persona evitó que Hipatia antes de ser asesinada tuviera que sufrir las torturas cristianas. También es triste que los descubrimientos de Hipatia, como la forma ovalada de las órbitas planetarias, y las de otros científicos fueran borrados por los cristianos y tuvieran que “redescubrirse” muchos años más tarde, y que los científicos que se atrevieron a decir que la Tierra no era plana ni el centro del Universo sufrieron también entonces las represalias de la Iglesia Católica.

Sobre las religiones

Me parece que la película trata con elegancia un tema tan antiguo como desgraciadamente actual: el fanatismo religioso y las consecuencias destructivas que tiene.

Tengo la sensación que las religiones monoteístas son mucho más impositivas que las demás. Es como si creer en un dios único diese derecho a obligar a todos los demás a creer en el mismo. Quizá es que un dios único no sabe compartir. Creo que si yo tuviera que elegir alguna religión para creer, me inclinaría antes hacia la griega. Primero, porque tienes un montón de dioses rondando por el Olimpo entre los cuales puedes escoger a uno con el que estés más de acuerdo. Y segundo, porque no te los pintan perfectos: se equivocan, tienen celos, roban, desean lo que no es suyo, son infieles (¡pregunta a Zeus!), se dejan llevar por sus pasiones, tienen a sus preferidos entre los mortales… Como todo el mundo, vamos.

Cirilo, el malo malísimo de Ágora, pero en realidad un santo (en el santoral de la Iglesia Católica)

De todas formas, menos mal que no tengo que elegir, y que si algún días me dedico a la astronomía, no me pregunten antes de entrar en la Universidad si creo en Dios 1 o en Dios 2 o en Dios 89.

Sobre el ser mujer

Quitando la muerte tan trágica que sufrió Hipatia, creo que tuvo bastante suerte durante su vida. Más o menos pudo conducirla por el camino que eligió ella misma, cosa que no era fácil en aquella época para una mujer, en especial cuando el camino elegido es el de la ciencia, renunciando al matrimonio y a una familia, porque parecía difícil compaginar la científica con la esposa y la madre (al fin y al cabo, lo de la conciliación de la vida laboral y familiar tampoco está tan fácil hoy en día, ¿no?). Su padre Teón de Alejandría, filósofo y director de la Biblioteca, mostró suficiente respeto y tolerancia como para no casarla con quien él creyera adecuado, sino que dejó a su hija la libertad que necesitaba. Porque había entendido que apartarla la hubiera matado.

Sobre las relaciones humanas

También me ha dado la lata mi madre para que en mi “hojalata” escriba algo sobre la relación que tienen Hipatia y Orestes (“hojalá” se saque tiempo para hacer su propio blog). De lo que tenemos constancia es de la relación epistolar entre Hipatia y Sinesio de Cirene, pero en la película cobra más importancia la amistad entre la filósofa y Orestes. Orestes, que cuando fuera su alumno le había declarado su amor, exponiéndose en público y recibiendo constantemente negativas, había alcanzado el puesto de prefecto de Alejandría y aceptado la idea de que no iba a conseguir el amor de Hipatia. Hasta la muerte de su antigua maestra fue un amigo fiel que intentó protegerla y escuchaba sus consejos en asuntos del gobierno de la ciudad, lo que le dio a Hipatia una posición bastante privilegiada dentro de la ciudad, evitando por algún tiempo que la Iglesia se metiera con ella (eso sí, al estar en esa situación, la tenían en el punto de mira). Y cuando al final Cirilo pone en evidencia la relación de Orestes con una mujer impía, una bruja, él se atreve a plantarle cara sin doblegarse a su poder, lo que le coloca en una situación delicada y peligrosa, porque reconoce la importancia que tiene para él Hipatia. Hay una escena muy bonita en la que están los dos en casa de ella, y Orestes insinúa de nuevo los sentimientos que tiene por ella, pero Hipatia comienza a hablar de sus descubrimientos más recientes. Orestes se da cuenta de que él no pertenece a ese mundo, y que Hipatia nunca pertenecerá al suyo de la manera que a él le gustaría. Pero no por eso se aparta de ella ni la deja caer, sino que sigue siendo su amigo.

Aún así hay algunas cosas que no me han convencido del todo. Por ejemplo, parece mentira que una mujer tan adelantada a su época y que cuestionaba las tradiciones y los dogmas de las diferentes religiones y que no discriminaba a sus alumnos por sus creencias, parecía asumir sin problemas la existencia de esclavos, es decir, la discriminación de personas por su cultura, su lugar de procedencia o por la familia en la que han nacido, algo que en teoría debía estar en contradicción con sus principios, y no se plantea ni por un momento que los esclavos pudieran tener sentimientos, ni que éstos pueden ser heridos. Me han parecido flojas las actuaciones masculinas y es una pena, porque los papeles, por lo menos el de Orestes, hubiera resultado interesante, bien desarrollado. Sí que me ha gustado la protagonista, Rachel Weisz, ya que expresa muy bien el entusiasmo por la ciencia, la fuerza, la integridad de Hipatia y su atractivo inconsciente, casi inocente.

Lo que llama la atención es que en la película Hipatia no parece envejecer. Se supone que muere con más o menos sesenta años, mientras que en Ágora tiene el mismo aspecto que cuando enseña en la Biblioteca con, digamos, cuarenta años. Aunque es verdad que a veces los técnicos de maquillaje o como quiera que se llamen, envejecen tan mal a una actriz (¡volveré a hablar de esto!) que es preferible que no se haga, es un poco raro que Hipatia permanezca eternamente joven, con lo respetable que son las canas en un sabio, o una sabia en este caso.





Lo único que nos queda es desplazar al sol del centro y… ¡no tenemos centro!

4 11 2009

Creo que le estoy cogiendo el gusto a eso de escribir sobre películas, y sobre libros. Por cierto, sigo en soledad, el primer entusiasmo sobre el cuento fantástico ha cedido (sólo en parte) al esfuerzo que es leer el estilo denso de Márquez y meterse dentro de una historia tan llena de personajes y diferentes generaciones, de Arcadios, Aurelios y Josés que tienen hijos con sus mujeres (no necesariamente cada uno con la suya) y amantes y estos hijos tienen hiijos con sus primas y tías, y… Pero no me rendiré, simplemente reduzco mi dosis de soledad/día.

Antes de empezar a hablaros de esa mujer tan especial, Hipatia, y de la película de Alejandro Amenábar, quería también agradecer a nuestra amiga Diana, que lee todos mis post y escribe unos comentarios llenos de ánimo que le suben a una la moral.

Bueno, pues eso. Hipatia. O Hypatia. “La más grande”. Si hablamos sólamente de lo que ocurrió en la realidad, o de lo que ocurrió en una realidad de hace muchísimos años, de la que es muy difícil saber toda la verdad, hablamos de una filósofa neoplatónica, matemática, astrónoma y profesora, cuyas ganas de aprender, sabiduría y estudios estaban fuera de lugar en una época de fervor religioso, y cuya muerte marcó uno de los pasos que nos conducirían del esplendor de la Antigüedad a la oscura Edad Media, dominada por el miedo y el cristianismo.

Hipatia nació en el año… bueno, aquí empiezan las confusiones con las fechas, las diferentes fuentes, etc, etc, etc, que conlleva el escribir sobre una persona que nació cuando todavía no existían los censos de población, que no tenía su página web ni su blog. Total, que algunos dicen que nació en el año 355 d. C., otros que en el 370… Pero todos coinciden en que lo hizo en Alejandría, Egipto.

faro de alejandríaEl Faro de Alejandría, en dos monedas acuñadas en la época de Antonio Pío y Cómodo.

Alejandría, famosa por su faro (una de las 7 maravillas) y su biblioteca, era por aquel entonces una provincia romana (lo fue hasta la llegada de los árabes en el siglo VII). El emperador Constantino se había convertido al cristianismo en el 312, y al año siguiente esta religión se convierte en la religión oficial del imperio. Así, los cristianos que tanto habían sido perseguidos, se encuentran en una situación de superioridad. Esto se decreta con el Edicto de Milán, que también estableció la paz religiosa y la libertad de cultos. En el 33o, Constantino translada la capital a Bizancio, que posteriormente pasará a llamarse Constantinopla, y en los últimos años del siglo el Imperio se va fragmentando en el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. Alejandría queda incluida en el Imperio de Oriente. A Egipto llega también el cristianismo, y en sus calles tienen lugar violentos enfrentamientos entre las distintos grupos cristianos. Es importante la rivalidad entre Alejandría y la capital del Imperio, que influyó enormemente en el resto de las Iglesias de la Cristiandad.

Hipatia nació pues en un momento en el que el ascenso de una nueva comunidad eclesiástica eclipsaba casi por completo el interés por la ciencia y el conocimiento y el saber a veces incluso era perseguido por religiosos como el obispo Teófilo o el obispo Cirilo. Su padre era el famoso astrónomo y matemático Teón de Alejandría,  que daba clases en la Biblioteca del Sarapeum, sucesora de la conocida Biblioteca de Alejandría, que se incendió en el año 48 a. C. Pero en vez de guardarse lo que sabía para sí y sus discípulos, lo compartió con su hija en un gesto bastante admirable para la época en la que vivía. Hipatia, a su vez, era una mujer de mente abierta que absorbía todo aquello que las clases de su padre y el ambiente culto y académico en el que se educaba podían aportarle. En algunos sitios se puede leer que llegó incluso a superar a su padre, ampliando sus estudios a otras materias como la oratoria, la historia de las religiones que se peleaban a su alrededor, el pensamiento de los filósofos y los principios de la enseñanza.

Todo esto hizo de ella una mujer extraordinariamente brillante, tolerante, que buscaba siempre la verdad y no permitía que entre sus alumnos hubiera disputas por sus creencias, evitando que la violencia que reinaba fuera entrara en su aula.

Un aula en la que entraron y salieron personas que tuvieron gran importancia en Alejandría, y que mantuvieron, por lo menos algunas, su relación con Hipatia, a la que pedían consejos. De ahí surge, en parte, la influencia de Hipatia en el gobierno de la ciudad, que desencadenó su muerte. Pero no adelantemos los acontecimientos.

la escuela de atenasLa Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio. Hipatia, en la parte izquierda, vestida de blanco.

Tres de sus alumnos más conocidos fueron Sinesio de Cirene, Hesiquio el Hebreo y Orestes. Las numerosas cartas que el primero escribió a su antigua maestra son uno de los pocos documentos escritos que nos aportan información sobre la vida de Hipatia. Sinesio, que fue obispo de Ptolemaida, en Fenicia, la describe como “la auténtica maestra en los misterios de la filosofía”. Cuando viajó a Atenas quedó decepcionado cuando esperando encontrarse con el famoso pensamiento ateniense, descubrió que en esa ciudad no quedaba filosofía, sólo los grandes edificios que la albergaron. En sus propias palabras, en “Egipto es el que ha acogido y hace germinar la sabiduría de Hipatia”.

Es cierto que la escuela de Atenas había derivado en asuntos de magia y adivinación, mientras que la de Alejandría se mantenía neutral respecto a la religión. Como ya he escrito antes, alrededor de Hipatia convivían cristianos (como el propio Sinesio) y no cristianos.

Sinesio aceptó el cargo de obispocon dos condiciones: no separarse de su familia (el celibato no se hizo obligatorio hasta más tarde) y no tener que abandonar la filosofía, que en su opinión era perfectamente compatible con la religión. Siguió una solución salomónica, dedicándose en público a la religión y en privado a la filosofía.

De su otro alumno Hesiquio el Hebreo tambié conservamos documentos sobre Hipatia, descripciones de sus actividades en algunos de sus  libros, en los que asegura que magistrados acudían a consultarle asuntos de administración. También nos cuenta que era influyente en el ámbito de la política y que se interesaba por la mecánica y la tecnología. Se sabe que inventó un aparato para destilar el agua, un hidrómetro graduado para medir la densidad de los líquidos y un artefacto para medir el nivel del agua.

hipatiaUna posible representación de Hipatia de Alejandría

En cuanto a su vida privada, se dice que se mantuvo casta y virgen, entregada al estudio a pesar de su gran belleza. Naturalmente, no podemos saberlo a ciencia cierta, pero ha  quedado testimonio de una anécdota que os contaré en el próximo post, en la que Hipatia rechaza con elegancia a un pretendiente.

Pero lamentablemente, Hipatia vivía en un mundo peligroso. Los cristianos, perseguidos convertidos en perseguidores, prohibieron en Alejandría los cultos paganos, destruyeron la Biblioteca del Sarapeum, que era a la vez un lugar de culto a los dioses, y echaron también a los judíos. Hipatia se negó a convertirse al cristianismo pese a la insistencia y los consejos del prefecto de la ciudad, su antiguo alumno y amigo Orestes. Entre su “impiedad”, sus conocimientos (brujerías para los cristianos) y su influencia en la ciudad, se convirtió pronto en un estorbo.

cirilo de alejandríaCirilo de Alejandría

En el año 412, el obispo Cirilo fue nombrado patriarca para sustituir a su tío Teófilo. El patriarca era un cargo eclesiástico que se usaba en Alejandría, Jerusalén y Constantinopla, y que equivalía prácticamente al del papa de Roma. Cirilo era especialmente severo con la herejía y el paganismo y defendió toda su vida la ortodoxia de la Iglesia. No hay documentos directos que acrediten que este hombre (posteriormente elevado a los altares de la Iglesia) fuera el culpable de la muerte de Hipatia, pero muchos historiadores lo creen así. No podía aprobar ni permitir que una mujer se dedicase a la ciencia, ni que tuviera tanto poder. Creó un clima de odio y rechazo hacia ella entre los cristianos, fáciles de manejar, que finalmente dio sus frutos. En marzo del año 415, ella rondaba por entonces los 45 o 50 años, Hipatia fue torturada y asesinada por un grupo de fanáticos seguidores de Cirilo de Jerusalén. Los hechos están recogidos por varios autores, posiblemente contemos más información sobre su muerte que sobre toda su vida. Según un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio, que en sus escritos justifica la masacre que se hizo en aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hipatia, un grupo de cristianos impetuosos y violentos fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesareo. Allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con caracolas afiladas, hasta que murió. Después descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron y allí finalmente lo quemaron. Así protegieron al mundo de una impía y hereje tan peligrosa como esa mujer. Una afirmación impresionante.

Fuentes:

Para escribir es te post, no he utilizado sólo el blog terrae antiquae, cuyo link encontraréis arriba, en otros materiales, sino también un artículo en pdf que encontré navegando por la red: Hipatia, de Amelia González Suárez, publicado por primera vez en el libro La otra historia,  Ed. Tertulia Feminista les Comadres, Gijón, 2003.








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